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Reflexión final de Residencia

 

Derribar mitos

Decidí anotarme al profesorado para aprender realmente cómo enseñar, pero también para perfeccionarme en áreas del idioma en sí, en especial en Fonética.

Estuve muchos años haciendo el profesorado y soñaba con hacer las prácticas de la residencia. Tenía muchas ganas de hacer las prácticas de forma presencial porque esa era la imagen mental que yo tenía de esta meta.

Más allá de las prácticas que hice en el Lenguas, no tengo experiencia dando clases en nivel secundario y por esto me daba mucha curiosidad y ansiedad pasar por esta experiencia. Al principio, cuando estábamos en la incertidumbre de no saber qué iba a pasar con la pandemia, sentía que necesitaba hacer las prácticas de forma presencial o me iba a faltar algo en mi formación.

Mientras iba pasando el tiempo, las ganas de recibirme eran más grandes que mis ganas de tener las prácticas como lo había imaginado. La pandemia nos cerró muchas oportunidades, pero no estaba dispuesta a que me cerrara la oportunidad de poder recibirme después de tanto esfuerzo a lo largo de los años.

Sin embargo, dentro de mí tenía dos grandes creencias que me convencían de que no era el momento para que yo me pudiera recibir.

La primera creencia era que yo pensaba que me iba a faltar algo en mi formación por no poder hacer un montón de prácticas presenciales. Estaba realmente enojada con esta situación.

La segunda creencia era que yo pensaba que las clases me tenían que salir perfectas en todo sentido.

Ahora que terminé la residencia puedo afirmar que no siento que me haya faltado nada. Creo que la experiencia fue muy buena: No me siento mal recibiendome con prácticas bimodales, y tampoco me siento mal por no haber “llegado a la perfección” con las clases que di.

Me equivoqué muchas veces, pero aprendí de esos errores. Además no puedo esperar a que todo me salga perfecto para recibirme. Esa misma mentalidad hizo que quisiera recursar Fonética y muchas otras materias más, retrasándome en la carrera.

Que no me salga todo perfecto (o como a mí me gusta) no significa que no sea una buena docente.

El lema del Lenguas Vivas es “Ad Altiora Tendimus”, que se podría traducir como “tendemos hacia la perfección”. Creo que por varios años, de alguna forma (explícita o implícita), como comunidad pensamos que somos la perfección o deberíamos ser perfectos, pero el lema no comunica eso. Es un malentendido. El mensaje es que debemos tender hacia la perfección, apuntar alto.

Ya no pienso que tenga que ser perfecta en todos los aspectos para recibirme y obtener el título de profesora. Me quedan muchos años para seguir ejerciendo la docencia y para seguir desarrollándome como profesional. Voy a seguir dando clases y voy a seguir cometiendo errores y aprendiendo gracias a ellos.

La residencia es una muestra final de mi práctica docente dentro del contexto de mi formación inicial.

Aprender de los errores

Nivel Superior: ISER

Yo tenía muchas ganas de hacer las prácticas en el AENS porque el estilo de las clases se asemejan mucho más a lo que estoy acostumbrada. Tuve que optar por dar clases en la carrera de Locución sólo por disponibilidad horaria.

El problema era que tenía que dar Fonética (y encima en español). Me costó mucho trabajo aprobar la última Fonética y una vez que conseguí esa meta, lo único que quería hacer era olvidarme de todo. Creo que viví una especie de estrés postraumático al momento de observar las clases y sentarme a planificar.

Si bien uso las herramientas que adquirí el el profesorado para ayudar a mis alumnos a comprender y producir mejor el inglés oral, no me sentía capacitada para ser modelo de pronunciación de gente que se está formando para hablar de forma clara. Tenía muchas inseguridades respecto a tener que ejemplificar con mi propia producción los sonidos del inglés, en especial las vocales.

Al final de la práctica, me di cuenta que haber recursado tantas veces Fonética fue beneficioso porque tenía la teoría muy fresca.

Otra dificultad que se me presentaba era el formato de las clases: exposición dialogada.

Fue interesante ver otras formas en las que los egresados de profesorados de idioma pueden ejercer su profesión y también otras dinámicas dentro del nivel superior.

Fue desafiante saber que los alumnos tenían sólo un cuatrimestre para cubrir tanto material. En cuanto al grado de profundidad, si bien la profesora a cargo del curso estaba muy conforme, nos dijo que el perfil de egresado de su carrera no requería tanta complejidad. Si fuera a trabajar en un contexto similar, debería entender mejor cuáles son las necesidades de esa formación en particular.

Respecto a las clases en sí, tanto a la profesora a cargo como a nuestra docente de residencia le encantaron porque les parecieron muy dinámicas.

Nuestro objetivo era que, aunque la materia esté centrada en la teoría, los alumnos pudieran estar activos durante la clase y así maximizar las oportunidades de aprendizaje. Logramos esto a partir de preguntas durante las exposiciones, actividades, y metáforas visuales.

Nivel Medio: Lenguas Vivas

Es un poco extraño practicar en el Lenguas porque el nivel de idioma es muy alto. No es representativo de la realidad que nos va a tocar cuando empecemos a tener nuestros propios grupos en la escuela pública. Este punto es una de las pocas cosas que lamento: no poder haber tenido una práctica que me prepare realmente para lo que voy a tener que enfrentar.

Igualmente me gustó tener la experiencia de dar clases en el nivel secundario. La verdad es que mis miedos respecto a enseñar a adolescentes eran bastante infundados, o al menos no me tocó un grupo problemático.

Lo bueno de las prácticas online es que todos los materiales audiovisuales estaban en una presentación digital y no tenía que armar físicamente cartulinas o imágenes para llevar al aula. Aunque cuando me tocó cumplir con las horas de forma presencial, descubrí que la escuela contaba con una pantalla para utilizar si lo consideraba necesario.

Si bien había planificado cómo iba a quedar el pizarrón, éste era tan alto que apenas podía escribir de la mitad para abajo. Esto hizo que terminara escribiendo de una forma poco clara. Igualmente este tipo de ajustes sobre el espacio y los recursos disponibles se da siempre que una entra a un espacio nuevo.

Lo más difícil de las prácticas fue la interacción con el grupo y el manejo de la clase online. Si bien tengo experiencia dando clases de forma online, era un problema no poder ver a los alumnos, ya que todos tenían la cámara apagada y no se les podía ver las expresiones faciales, o si estaban en tarea. Al no poder establecer contacto visual con los alumnos, había formas de comunicarse que debían ser modificadas.

Creo que me hubiera llevado mucho tiempo darme cuenta de lo que estaba haciendo mal si no hubiera tenido parejas pedagógicas. Siento que aprendí mucho más de mis parejas pedagógicas que de mi profesora, que confiaba en mis habilidades y herramientas metodológicas.

Mi pareja había construido el plan de la clase conmigo y conocía con detalle qué ibamos a hacer, cuándo, y por qué.

Yo soy una persona a la que le cuestan las relaciones personales y la comunicación asertiva. Entonces mi mayor desafío fue transitar mi ansiedad social al dar la clase.

Yo no tenía una relación con los alumnos, no los conocía, no sabía sobre sus vidas, qué les gustaba, en qué eran buenos y qué les costaba, ni siquiera les había visto la cara. Además, el estilo de enseñanza del Lenguas se asemeja a una clase intensiva para preparación de examen internacional de un instituto de idiomas: es decir, una actividad tras otra siguiendo el libro a rajatabla.

A mí me incomodaba tener que saltar de un ejercicio a otro como si los alumnos fuera robots. Entonces habíamos planificado transiciones para que fuera todo más natural y ameno para los estudiantes.

En la primera clase, el problema fue que una actividad de 5 minutos terminó durando 15 minutos porque los alumnos, en realidad una sóla, no paraban de hablar. Y yo me sentía muy incómoda cortando la conversación y siguiendo adelante. Sabía que estaba en una calle sin salida y deseaba que me salvara mi pareja pedagógica, pero no podía parar de hablar.

Cuando lo charlé con mi compañera, ella me explicó que los alumnos no paraban de hablar porque yo les seguía haciendo follow-up questions. Y que probablemente la alumna que monopolizaba la interacción lo hacía porque cuando yo decía you, ella entendía que era para ella y no en plural para el grupo porque, a diferencia del aula presencial, no podía establecer contacto visual con los alumnos.

Otra dificultad respecto a la parte técnica de las clases virtuales fue con Google Classroom. Nunca había ejercido el rol de docente en esta plataforma. Mi idea era darles unas devoluciones iniciales sobre un texto escrito, para luego seguir trabajando sobre el género y que ellos pudieran hacer una segunda versión.

Cuando me lamenté con mi compañera porque no habían entregado la segunda versión, ella me remarcó que yo nunca les había enviado la devolución. Nunca me había dado cuenta de apretar el botón “entregar”.

Otra cuestión que mi compañera me ayudó a sortear fue el tono de las devoluciones que les daba a los alumnos en sus textos. Yo suelo ser muy directa en mi forma de comunicarme, y a veces mis frases pueden sonar violentas. Esto es algo que tengo que trabajar, pero en el profesorado no se trabaja sobre comunicación asertiva.

Recibirse en pandemia

Tal vez alguien de afuera pueda pensar que tuve mala suerte porque tuve que cursar estas materias tan especiales en mi formación durante la pandemia 2020-2021.Yo no siento que me haya faltado nada, al contrario: me llevo un montón de cosas.

Myrian Casamassima hace magia: sabe un montón de su materia y lo pone en práctica en sus clases. También tuve la suerte de cursar con un grupo espectacular. Aprendí un montón de la profesora como también de mis compañeros.

Lo mejor de todo es que siento que mis compañeros y yo pudimos crear esa magia en las clases que dimos durante la residencia. Myrian pudo encender nuestra antorcha y nosotros vamos a encender muchas antorchas más.

Para hacerlo un poco más concreto: durante Método pudimos profundizar sobre cómo planificar unidades de trabajo y clases, y también sobre cómo enseñar las macrohabilidades. Este conocimiento fue muy útil a la hora de planificar las prácticas y sentí que podía tomar decisiones informadas.

La experiencia que tuve al hacer las prácticas durante la pandemia fue hermosa.

Obviamente quiero seguir mejorando, leyendo, estudiando, y aprendiendo con colegas; pero, sinceramente, me siento lista para recibirme y para llamarme a mí misma profesora de forma oficial.

Hoy puedo decir que lo único que me quitó la pandemia fue tener un abrazo grupal en la cantina al terminar la residencia.

Agustina La Porta

Directora fundadora
Estudiante del profesorado en inglés para la enseñanza en el Nivel Medio y Superior en el I.E.S. en Lenguas Vivas "Juan Ramón Fernández".
Interina en escuela primaria plurilingüe (GCBA).
Dictado de clases de inglés por videoconferencia a través de Zoom.
Mi Telegram es @educacionylenguas y mi mail: alaporta@educacionylenguas.com

https://www.linkedin.com/in/agustinalaporta/
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